Los 80

Las visitas de mis abuelos

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Al tocarme la cabeza por atrás pienso que quizás mi abuelo (cuando no estaba calvo) notaba lo mismo que yo. Un cráneo muy delicado y con cabellos en ebullición. Me vuelvo a tocar la misma zona y siento que reconozco ese pelo como el pelo de mi abuelo. Él murió pero su pelo sigue creciendo en mi cabeza.

Cuando él trabajaba en su relojería, solito y en silencio, sentado en su silla, llegaba un momento en que le dolía un poquito la espalda. Movería sus hombros, miraría hacia el techo y se tocaría la cabeza. Luego se volvía a concentrar.

A veces siento a mis abuelos dentro de mi. Ellos están muertos pero a veces vienen a vivir pequeños gestos dentro de mi cuerpo y me vuelven a dejar sola otra vez. Hoy a ocurrido tocándome el pelo.

Esta misma semana estaba en el sofá y sola en casa. Escuché un ruido y tuve la certeza que estaba mi abuelo mirando entre mis cajones a escondidas mías. Igual que hacía yo con sus cajones. De pequeña le abrí todos los cajones que tenía. Él todo lo tenía guardado y sus cajones estaban a tope. Habían puertas de ciertos armarios que al abrirse hacían mucho ruido, me entraba un calor por a dentro al pensar que sería pillada fisgando… pero él estaba muy sordo y jamás me descubrió con las manos en la masa.

Mi abuela también tenía cajones, pero los suyos estaban muy vacíos. Acabo de recordar un cajón que tenía en el tocador. Contenía un cepillo con pelos, una cajita de flores oxidada con muchas pinzas de los rulos, un pañuelo plegado que contenía dientes pequeños (supongo que de mi madre o de mi tía) y poca cosa más.

Mi abuela tambien viene de vez en cuando. A ella le gusta más oler. Los olores que más le gustan son los de los domingos al mediodía. Siempre que cocino patatas de la manera que sea, ella viene, huele y se va. Por eso cocino a menudo patatas. También le gusta arrancar las hojas muertas de las plantas y el momento de quitarse los calcetines.

Cuando mi pareja ya se ha dormido y yo todavía no, también viene. Pero entonces viene porque la llamo yo: – Abuelita no puedo dormir. Entonces ella aparece, se abre el cuello de su vestido, yo pongo la oreja encima de la piel de su pecho y ella me besa la frente y me duermo.

Nos seguimos queriendo tanto como siempre. Soy feliz de haber tenido unos abuelos que aún y muertos, me echan tanto de menos que de vez en cuando vienen para vivir conmigo pequeñas cosas como tocarse la cabeza o oler patatas.

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